La carta a los Gálatas, es una carta que confronta a sus lectores, de hecho el apóstol Pablo no sigue su acostumbrada presentación como en otras cartas. Desde el comienzo de su escrito a los cristianos en Galacia, el apóstol busca confrontar el error en el cuál estaban cayendo. Es al principio de su carta, que encontramos las siguientes palabras:

Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

(Gálatas 1:8)

Habría mucho que reflexionar sobre este versículo, pero en este breve artículo, deseo compartir algunas opiniones prácticas que encontré sobre Gálatas 1:8 en el Reformation Commentary on Scripture: Galatians, Ephesians . 

Un comentario que cita a autores latinos, alemanes, franceses, holandeses e ingleses de una variedad de corrientes dentro del movimiento protestante. Lo cual hace de esta colección de comentarios, que sea muy valiosa para nuestros tiempos.

Portada de “Reformation Commentary on Scripture” editado por Gerald L. Bray

Pablo dice que la autoridad del verdadero evangelio es tan grande que no solo las autoridades humanas y apostólicas, sino también las angélicas, tienen que ceder el paso. Los papas y la iglesia no están por encima del evangelio, sino que están sujetos a él y no pueden cambiarlo. . . . Este versículo nos dice exactamente lo que está mal con los papistas impíos. Si tenemos que tener cuidado con un ángel que podría venir predicando otro evangelio, ¿cuánto más tenemos que tener cuidado con un papa humano, que enseña cosas impías y persigue el verdadero evangelio?

(Johannes Brenz, Exposición de Gálatas)

¿Cómo se puede decir que alguien ama a Cristo si él no le atribuye la gloria completa de nuestra salvación solo a él, y especialmente si lo corrompe con su propia gloria al jactarse de la justicia de sus obras, restándole valor a Cristo? ¿Cómo podemos decir que alguien que reclama para sí mismo o para otros lo que pertenece exclusivamente a Cristo no es su enemigo? Esto es de lo que Pablo está hablando aquí, empleando la condena más solemne al comienzo de su epístola para despertar a los Gálatas, quienes habían sido hechizados por el prestigio de los falsos apóstoles y se habían descuidado, para considerar más seriamente qué Estaba en juego. Hay dos cosas que debemos aprender si vamos a luchar contra los impostores de nuestro propio tiempo y nos concentraremos en exponerlos. La primera es la naturaleza del evangelio mismo. La segunda es que es ese evangelio lo que los apóstoles realmente predicaron. Cuando entendamos esto, veremos por qué no se debe agregar nada a su enseñanza, ni se debe modificar de ninguna manera.

(Rudolf Gwalther, Sermones en Gálatas)

Incluso si un buen ángel bajara del cielo y predicara otro evangelio, no sería correcto creerle. La razón de esto es que los artículos del credo no cambian. Dios los reveló una vez, y los sostiene igual para siempre. Él no introduce declaraciones contradictorias en los artículos de nuestra fe. Esta enseñanza del Evangelio ha sido más claramente revelada, la cual es que somos justificados libremente ante los ojos de Dios por la fe en Cristo, aparte de las obras de la ley

(Johannes Wingand, Notas sobre Gálatas)

Más adelante, abordaré este tema con mas amplitud.