En las últimas semanas, ha surgido un peculiar interés en una expresión relacionada a Dios, y me refiero a la ira de Dios. Para algunos, tal expresión es únicamente circunstancial o ilustrativa, es decir que el uso de la expresión “ira”, no es literal. Otros sostienen que los autores, influenciados por la cultura, presentan a Dios como un Dios propenso a la ira como las otras deidades paganas.

En este post, no podré por el tiempo, interactuar con algunas ideas muy populares en Facebook, sin embargo quisiera aportar lo que, estudiando la primera carta de los Tesalonicenses he encontrado.

El apóstol Pablo escribe

porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

(1 Tesalonicenses 1:9-10)

Notemos que el apóstol habla de una “ira venidera”. Entonces surgen al menos las siguientes preguntas:

1. ¿De dónde o de quién procede esa ira?

2. ¿Qué quiere decir Pablo con ira?

 ¿De dónde o de quién procede esa ira?

Por el contexto, nos damos cuenta que esta ira procede de Dios, y no es precisamente para su pueblo, sino para todos aquellos que desechan al Mesías y aman el pecado. Pablo, en la segunda carta enviada a los Tesalonicenses, les escribe:

Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros.

(2 Tesalonicenses 1:6-10)

Gene L. Green, comenta al respecto:

La ira de Dios no es simplemente la ley impersonal de sembrar y cosechar o el estallido de una emoción negativa. La ira de Dios es la ejecución de su justo juicio contra aquellos que violan y se oponen a su ley. Aunque el NT proclama el amor de Dios (Juan 3.16), este aspecto de su carácter no niega su juicio (Mateo 3.7; Lucas 3.7; Rom. 2.5; Efe. 5.6; Col. 3.6; Rev. 6.16–17; 11.18; 16.19; 19.15). La ira de los dioses era un concepto que era bien conocido entre los paganos y se creía que se veía en desastres naturales. 78 Su ira podría ser inexplicable y caprichosa. Pero la ira de Dios es un evento escatológico que es dirigida a aquellos que no conocen y obedecen a Dios (2 Tes. 1.6–10; Rom. 1.18). Pablo les asegura a los tesalonicenses que no sufrirán esta ira porque Jesús, el que resucitó de los muertos, los librará de ella (5.9; cf. Romanos 5.9). Pero Jesús también es el mismo que lo hará. ejecutar la ira divina contra aquellos que desobedecen a Dios (2 Tes. 1.6–10; Ap. 6.16). [1]

Parece claro que, la ira venidera de la cual habla Pablo, es un evento escatológico. No es un recurso ilustrativo o peyorativo, sino que el apóstol está abordando que un día llegará la retribución divina para aquellos que desobedecieron al Evangelio, aquellos que hicieron el mal y en quienes no hubo arrepentimiento. Esto nos lleva a la última pregunta.

¿Qué quiere decir Pablo con ira?

Pablo utiliza la palabra griega ὀργή [ira, enojo], son interesantes las referencias que el el TEDNT, hace respecto a esta palabra:

En el NT, ὀργή generalmente expresa el juicio de Dios (Rom 3: 5f.), En parte usando fórmulas tradicionales (Rom 2: 8 junto con θυμός [pasión]) y concepciones más antiguas (2: 5: “día de ira”). Según la proclamación, los cristianos se salvan del “juicio de la ira de Dios” a través de Jesucristo (1 Tes. 1: 9f .; Rom. 5: 9). Juan el Bautista ya predicó → μετάνοια arrepentimiento para la liberación de la ira (Mat. 3: 7f. par. Lucas 3: 7f.). Entre los dichos de Jesús, ὀργή aparece en el mensaje concerniente a la destrucción de la ciudad santa (Lucas 21:23). Las varias ocurrencias en Apocalipsis amplían esto aún más cuando hablan de la ira venidera de Dios (11:18; 19:15), de la copa del vino de la ira de Dios (14: 8-10; 16:19), del gran día de ira (6:17), y de un día de la ira del Cordero (6:16). En las imágenes del fuego, de las aguas caóticas (Matt 24: 38f), y de la copa de veneno (→ βασανίζω), así como las de las escalas de la ira, la víspera de la ira y las “reservas” de ira (Rom 2: 5), estamos tratando con la ira escatológica de Dios. Además, la teología joánica enfatiza la presencia de esta ira escatológica aquí y ahora, aunque solo una vez (Juan 3:36): la misión salvadora de Jesús se convierte en un juicio para el que no cree en Jesús; el incrédulo ya está en el reino de los muertos. Detrás de esto se encuentra para Juan la exigencia de que la persona individual acepte el testimonio del Hijo (3: 31–36). [2]

De lo anterior podemos tomar que, la ira de Dios es un asunto que es citado con frecuencia en el Nuevo Testamento, y que la única forma de escapar de la ira de Dios, es arrepintiendonos de nuestros pecados y creyendo en Jesucristo, el Hijo de Dios.

Entonces, para Pablo la ira de Dios no sólo era un concepto ilustrativo, sino que estaba cimentando una expresión escatólogica que servía de consuelo para los atribulados y de advertencia para los malhechores.

Con el paso de los años, la ira de Dios ha sido vista como una expresión ofensiva o sin sentido. ¿Cómo hablar de ira de Dios, si Dios es puro y santo, por qué atribuirle un vicio como la ira?

Sin embargo, estas apelaciones no son nuevas. Tal como apunta Leon Morris, algunos teólogos, en el pasado han tratado de suavizar o minimizar esta expresión:

C. H. Dodd y otros han hecho un intento decidido de eliminar la idea de “la ira de Dios” de la Biblia al argumentar que en las Escrituras esto no es más que un nombre para un proceso impersonal; la gente peca, y le sigue el desastre (cf. BJ, “retribución”). Pero es difícil de probar esto. Es cierto que hay algunos pasajes, como este, donde la ira no está vinculada explícitamente con Dios. ¿Pero se puede argumentar seriamente que Pablo está pensando aquí en una ira que no es de Dios? En cualquier caso, la ira está explícitamente vinculada a Dios en varios pasajes (por ejemplo, Juan 3:36; Rom. 1:18; 9:22; Efe. 5: 6; Col. 3: 6; Ap. 11:18; 14 : 10, 19; 19:15), y la idea suele estar presente cuando no se usa la palabra “ira” (por ejemplo, 2 Tes. 1: 7–9). Además, los escritores del Nuevo Testamento siempre consideran el universo como el universo de Dios. Si la retribución sigue al pecado, parece imposible sostener que esto ocurra independientemente de Dios. Si tuviéramos que mantener esto, estaríamos construyendo una imagen de un Dios que es personalmente indiferente al pecado. El concepto de la ira de Dios es un correctivo saludable para tales puntos de vista inmorales de la Deidad, y es un recordatorio sorprendente de que Dios se opone totalmente a toda forma de mal. [3]

Tal como podemos notar, la expresión “ira de Dios”, es una expresión escatológica, que se refiere al juicio de Dios. ¿Por qué resulta ofensiva en nuestros tiempos? Porque golpea el orgullo y el corazón pecaminoso. Es preferible un Dios todo-universal, que un Dios que es Juez Santo y Perfecto.

[1]Green, G. L. (2002). The letters to the Thessalonians. The Pillar New Testament commentary (110). Grand Rapids, Mich.; Leicester, England: W.B. Eerdmans Pub.; Apollos.

[2] Balz, H. R., & Schneider, G. (1990-c1993). Exegetical dictionary of the New Testament. Translation of: Exegetisches Worterbuch zum Neuen Testament. (2:529-530). Grand Rapids, Mich.: Eerdmans.

[3]Morris, L. (1984). Vol. 13: 1 and 2 Thessalonians: An introduction and commentary. Tyndale New Testament Commentaries (50). Nottingham, England: Inter-Varsity Press.