La grandeza y la miseria del hombre

La grandeza y la miseria del hombre

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Herman Bavinck, es uno de los teólogos que leo con mucha frecuencia, tanto por su piedad al exponer las Escrituras, como también por su devoción al Señor. A continuación, les comparto un breve extracto de su obra “Our Reasonable Faith“, publicada en el año 1956. Un extracto que resume de forma magistral la condición humana.

Herman Bavicnk

“La conclusión, por tanto, es la de Agustín, quien dijo que el corazón del hombre fue creado para Dios y que no puede encontrar descanso hasta que descanse en el corazón de su Padre. De ahí que todos los hombres busquen realmente a Dios, como también declaró Agustín, pero no todos lo buscan en el camino correcto ni en el lugar correcto. Lo buscan abajo y Él está arriba. Lo buscan en la tierra y está en el cielo. Lo buscan de lejos y Él está cerca. Lo buscan en el dinero, en la propiedad, en la fama, en el poder y en la pasión; y se le ha de hallar en los lugares altos y santos, y con el de espíritu contrito y humilde ( Is. 57:15 ). Pero lo buscan, si acaso pudieran sentirlo y encontrarlo ( Hechos 17:27). Lo buscan y al mismo tiempo le huyen. No tienen ningún interés en el conocimiento de sus caminos y, sin embargo, no pueden prescindir de él. Se sienten atraídos por Dios y al mismo tiempo repelidos por Él.

En esto, como ha señalado tan profundamente Pascal, consiste en la grandeza y la miseria del hombre. Anhela la verdad y es falso por naturaleza. Anhela el descanso y se lanza de una diversión a otra. Anhela una dicha permanente y eterna y se apodera de los placeres de un momento. Busca a Dios y se pierde en la criatura. Es un hijo nacido de la casa y se alimenta de las cáscaras de los cerdos en una tierra extraña. Abandona la fuente de aguas vivas y excava cisternas rotas que no retienen agua ( Jer 2:13 ). Es como un hambriento que sueña que está comiendo, y cuando despierta encuentra que su alma está vacía; y es como un hombre sediento que sueña que está bebiendo, y cuando despierta descubre que está desfallecido y que su alma tiene apetito ( Isaías 29: 8 ).

La ciencia no puede explicar esta contradicción en el hombre. Cuenta solo con su grandeza y no con su miseria, o solo con su miseria y no con su grandeza. Lo exalta demasiado, o lo deprime demasiado, porque la ciencia no conoce su origen divino, ni su profunda caída. Pero las Escrituras conocen ambas, y arrojan luz sobre el hombre y sobre la humanidad; y se reconcilian las contradicciones, se aclaran las brumas y se revelan las cosas ocultas. El hombre es un enigma cuya solución sólo puede encontrar en Dios.”

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