Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. (Marcos 1:4-5)

Al iniciar nuestra lectura del evangelio según Marcos, nos encontramos con un personaje muy interesante e importante en la narrativa de los evangelios. Tanto los otros evangelistas y Marcos, le llaman “el Bautista”, un título que surge de la actividad a la cual dio prioridad en su ministerio. Su nombre es Juan, y está anunciando que alguien viene tras de él.


Después de más de 300 años de silencio, de pronto Juan se presenta como una voz que habla por el Dios vivo. Tanto interés genera aquel personaje intrigante, que Marcos escribe que “salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén”. Juan es presentado como el precursor divinamente ordenado de Jesús, y a Jesús como la manifestación de Dios.

Josefo hace referencia a Juan el Bautista, el historiador judío que escribió en la última parte del primer siglo. Su referencia a Juan se relaciona con una descripción del gobierno de Herodes Antipas, quien ejecutó a Juan. Josefo describe a Juan como una figura popular entre las masas, muy respetada por su piedad y su fuerte llamado a la justicia, y esta evidencia del impacto de Juan en la Palestina del primer siglo puede ayudarnos a ver por qué los Evangelios conectan a Jesús explícitamente con Juan. De las descripciones de Juan el Bautista en los escritos de N.T. y en Josefo, aprendemos que él fue un predicador parecido a un profeta que llamó a Israel al arrepentimiento y a la preparación para el día venidero de la manifestación de salvación de Dios y el juicio (ver Mateo 3: 1–12).[1]


La irrupción de Juan el Bautista en la narrativa de los evangelios, ha sido objeto de especulación por parte de algunos académicos. A tal grado que, algunos han llegado a considerar una posible relación entre Juan el Bautista y un grupo de Esenios en el desierto. Esta comunidad es conocida como Qumrán, un nombre árabe contemporáneo dado a unas ruinas donde es posible que habitara una comunidad de la congregación judía de los esenios, situadas en una terraza a unos dos kilómetros del mar Muerto y 13 km al sur de Jericó, sobre los acantilados que se hallan tras la estrecha franja costera, cerca del oasis de Ayin Feshja, a 375 metros bajo el nivel del mar Mediterráneo.

Pero tal como Robert Stein sugiere, la conexión de Juan con Qumrán, no es del todo clara:

El ministerio de Juan en el desierto se entiende mejor debido a su deseo de cumplir con Isa. 40: 3, incluso cuando la ubicación de la comunidad de Qumran en el desierto se debió a su deseo de cumplir con este mismo pasaje (Isaías 40: 3 también sirvió como su verso temático [1QS 8.14; cf. también 9.19-21]) . Ha surgido una gran cantidad de especulaciones sobre el hecho de que tanto Juan como la comunidad de Qumran percibían que su misión implicaba el cumplimiento de Isa. 40: 3. ¿Fue Juan originalmente un miembro de la comunidad de Qumran? ¿Sus padres ancianos lo trajeron a Qumran porque eran demasiado viejos para criarlo ellos mismos? ¿Juan más tarde rompió con la comunidad de Qumran sobre la mejor manera de cumplir con Isa? 40: 3? Los novelistas hacen extensos romances a partir de esta coincidencia y a pesar del hecho de que ambos se identificaron con “el desierto”, simplemente no sabemos qué relación existió, si es que hubo alguna, entre Juan y Qumrán.[2]


Sin duda que Juan despertó interés para aquellos que le oían, y aún para nosotros, nos parece intrigante ver a un hombre vestido con piel de camello y presentando un mensaje contundente. Pero, que esto no nos haga perder el foco. El asunto no se trata de Juan sino de Jesucristo.

Desde la perspectiva de Marcos, Juan es importante no por sí mismo, sino como partícipe el inicio del drama de la redención que se desarrolla en Jesús de Nazaret. La brevedad de su presentación de Juan sirve para proyectar con gran relieve dos características del ministerio bautista que fueron de especial importancia para él: (1) la carrera de Juan fue el resultado de una cita divina en cumplimiento de la profecía; (2) Juan dio testimonio de la dignidad y el poder supremos del Mesías, cuya venida estaba cerca. [3]

Teniendo en mente que se trata sobre Jesucristo, es necesario considerar la siguiente pregunta ¿Qué tiene que decir Juan al pueblo de Israel y por qué es sobresaliente en la narrativa bíblica? Eso lo veremos en el siguiente post.

Bibliografía:

[1] Hurtado, L. W. (1989). New International Biblical Commentary: Mark (17). Peabody, MA: Hendrickson Publishers.
[2] Stein, R. H. (2008). Baker Exegetical Commentary on the New Testament: Mark (43). Grand Rapids, MI: Baker Academic.
[3] Lane, W. L. (1974). The Gospel of Mark. The New International Commentary on the New Testament (48). Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co.